CUANDO HABLAR DE LA VIOLENCIA FEMENINA NO ES POLÍTICAMENTE CORRECTO El efecto negativo de las leyes antifamiliares (parte 2)Miércoles 1 de octubre de 2008 Carlos Vílchez Román
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Luego de las observaciones hechas por la Presidencia de la República, en las próximas semanas el Congreso de la República nuevamente someterá a votación el proyecto de ley para incorporar el delito de violencia familiar en el Código Penal. De aprobarse esta norma y de aplicarse de forma objetiva e imparcial (como se espera de todo sistema judicial), aumentará el número de hogares destruidos y desintegrados, no sólo por la cantidad de padres de familia encarcelados, sino también por el número de madres de familia que irán (o deberían ir) a la cárcel debido a esta modificación del Código Penal. Si tomamos en cuenta los resultados de los estudios sobre violencia familiar que emplean el enfoque de violencia simétrica (o con paridad de género), en Lima y Callao existen al menos 650,000 madres de familia que agreden física y psicológicamente a sus esposos y un número similar de esposos que hacen lo mismo con sus parejas. Es decir la violencia familiar es un problema de responsabilidad compartida. Seguramente muchos se preguntarán porqué los estudios que muestran violencia simétrica (o con paridad de género) no se han publicado ni han llegado a la opinión pública. La respuesta es simple: hay una política de Estado que impide o prohibe la difusión de investigaciones con resultados "políticamente incorrectos". Además, actualmente las únicas investigaciones que reciben financiamiento, por parte del Estado, las universidades o las agencias de cooperación internacional, son las que tienen como objetivo mostrar al varón como el único culpable y a la mujer como la única o principal víctima. Veamos un par de ejemplos que demuestran lo que decimos. La Encuesta de Hogares sobre Vida Familiar, INEI 1999, estudió la opinión de las encuestadas (ojo, sólo le preguntó a las mujeres) sobre la violencia familiar. El estudio multicéntrico realizado por la Organización Panamericana de la Salud (OPS) y publicado el año 2005, a partir del cual se popularizó la cifra del 50% de mujeres de peruanas víctimas de violencia familiar, únicamente preguntó sobre la violencia contra la mujer. Nuevamente, las únicas encuestadas fueron mujeres. Sin embargo, seis años atrás, en 1999, cuando la OPS llevó a cabo otro estudio multicéntrico en seis ciudades latinoamericanas y preguntó a hombres y mujeres sobre sus actos violentos, encontró que las mujeres son tanto o más violentas que hombres. Posteriormente, dos estudios realizados por la Asociación por la Defensa de las Minorías (ADM) que emplearon una muestra agregada de casi 4,000 personas, llegaron a los mismos resultados: las mujeres son tanto o más violentas que los varones. ¿Si la violencia de la mujer está tan generalizada porqué los hombres no denuncian los malos tratos en las comisarías? Anteriormente ya explicamos porqué el hombre tiene 20 veces menos probabilidades de denunciar que la mujer. Al respecto, el profesor Murray Straus, quien es un pionero en este campo ya que tiene casi 40 años investigando la violencia familiar señala: "cuando los hombres son golpeados, casi nunca van a la policía aún si sufren daño físico, igual que las mujeres, ellos sienten vergüenza de revelar su problema personal de violencia familiar. A esto se suma el prejuicio legal que dice 'el varón es siempre el agresor'. Como resultado, la policía es renuente a arrestar a mujeres por actos de violencia familiar y esto ellas lo saben muy bien, saben que atacando al varón están seguras y probablemente no les pasará nada". Con esto no estamos negando o minimizando los casos de violencia familiar donde la mujer es la víctima, consideramos que la violencia familiar debe ser abordada de forma adecuada a través de programas preventivos, analizando el problema con objetividad, no con sanciones y penas privativas de la libertad sólo para una de las partes involucradas. Por esa razón, así como la violencia contra la mujer es un problema social, también lo es la violencia contra el varón, porque el mismo principio se aplica para ambos casos. A medida que el Estado, las universidades, la sociedad civil y la opinión pública entiendan la verdadera dimensión de la violencia familiar, comprendiendo que existe una responsabilidad compartida entre hombres y mujeres, y que las acciones a tomar pasan por la prevención más que por la sanción penal, las soluciones planteadas tendrán bases sólidas y ayudarán a resolver este grave problema que afecta a miles de familias peruanas.
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