Violencia familiar o cuando los hombres son los únicos culpables: el efecto negativo de las leyes antifamiliares (parte 1) Lunes, 29 de septiembre de 2008 Carlos Vílchez Román
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El 'Proyecto de Ley que Incorpora el Delito de Violencia Familiar en el Código Penal'está siendo discutido por las Comisiones del Congreso de la República. Más allá de los supuestos erróneos en los que se basa este proyecto de ley, tal como explicaremos más adelante, lo preocupante de esta iniciativa legal son las consecuencias de su aplicación porque en los países donde se ha considerado la violencia familiar como un delito tipificado en el Código Penal, ha aumentado el número de divorcios y de niños que crecieron sin uno de sus padres. España es una clara muestra de ello. El proyecto de ley, al igual que los estudios sobre violencia familiar que se basan en el enfoque de género, parte de tres premisas falsas: 1) Las mujeres son las víctimas y los hombres los únicos o principales agresores. 2) Las denuncias en las comisarías y en los centros establecidos por el Ministerio de la Mujer son la prueba de la violencia de los varones contra las mujeres. 3) Las mujeres sólo agreden para defenderse, lo hacen como respuesta a la agresión del varón. A continuación analizaremos los tres argumentos. En primer lugar, los resultados de los estudios realizados con hombres y mujeres, preguntándoles a ambos por los actos violentos cometidos por ellos, muestran que los niveles de violencia son iguales entre hombres y mujeres, incluso en algunas formas de agresión las mujeres son más violentas que los hombres. Es importante enfatizar este punto porque los estudios con enfoque de género nunca le preguntan al varón o sólo toman en cuenta la violencia contra la mujer, no la violencia contra el varón. En todo el mundo existen más de 200 estudios que dan prueba de ello, en América Latina el año 1999 la Organización Panamericana de la Salud realizó un estudio con más de 6,000 personas de ciudades como Caracas, Cali, Río de Janeiro y Santiago de Chile: los datos mostraron que las mujeres son tanto o más violentas que los varones. El año 2000 la Asociación por la Defensa de las Minorías llevó a cabo dos estudios: uno con 713 universitarios de la ciudad de Lima y otro con 2,934 familias de la ciudad de Huancayo, los resultados fueron los mismos: las mujeres agreden tanto o más que los varones. Sin embargo, como hablar de la violencia de la mujer contra el varón no es 'políticamente correcto' ni asegura más votos para el político que decida enfrentar el problema (por el contrario, seguramente perderá los votos de gran parte del electorado femenino, además de ser acusado de machista e inhumano), ningún político se atreve a hablar seriamente del tema porque sabe que eso significará el fin de su carrera política. En segundo lugar, las denuncias en las comisarías por casos de violencia familiar sólo registran la violencia contra la mujer no contra el varón; es decir, sólo muestran la mitad del problema. Si ante un caso de maltrato familiar, los varones y las mujeres tuvieran la misma posibilidad de denunciar el hecho, allí las denuncias policiales efectivamente nos darían una imagen precisa del problema. Pero, debido a los estereotipos sexuales, el temor a la burla de los policías cuando el varón va a sentar una denuncia, el considerar que un hombre de verdad sabe cuidarse a sí mismo, más el prejuicio legal que supone que el hombre es el culpable, el varón tiene 20 veces menos probabilidades que una mujer de ir a la comisaría para presentar su denuncia. Por esas razones las denuncias en las comisarías sólo reflejan lo que le ocurre a la mitad de la población, pero no nos dice nada de la agresión de la mujer contra el varón. De lo contrario, cómo explicar que el año 2000 los estudios antes mencionados revelaron que en la ciudad de Lima el 55% de varones y el 49% de mujeres informaron haber atacado físicamente a su pareja al menos una vez en los últimos seis meses; en la ciudad de Huancayo los resultados mostraron que el 12% de padres y madres agredieron físicamente a sus parejas, siendo las madres quienes repitieron más los ataques. Sin embargo, el Anuario Estadístico de la Policía Nacional del Perú del año 2000 muestra que el 100% de las denuncias de violencia familiar en Lima y Huancayo corresponden a casos en que la mujer es la víctima y el hombre el agresor. La respuesta a nuestra pregunta es simple: las denuncias policiales no registran ni muestran la violencia contra el varón. El tercer argumento que suelen citar los promotores del enfoque de género es que la mujer sólo agrede para defenderse del ataque de un varón; sin embargo, además de estar demostrado que es la mujer quien inicia la agresión en el hogar, un hecho que solemos pasar por el alto es el patrón o la forma de ataque. Mientras que los estudios y las denuncias reportan que el hombre suele agredir empujando a la mujer o cogiéndola fuertemente del brazo (lo cual hace pensar en acciones tomadas para evitar un ataque más que en iniciarlo, porque cuando el hombre agrede físicamente lanza un puñete directo al rostro o al vientre), las investigaciones muestran que la mujer suele agredir arañando, mordiendo o lanzando todo tipo de objetos al varón. Los especialistas han explicado que las mujeres recurren a la violencia extrema contra los hombres para compensar su menor fortaleza física. En resumen, si la violencia familiar es un asunto de dos, en el que varones y mujeres son igualmente responsables por resolver sus problemas de esta forma, el 'Proyecto de Ley que Incorpora el Delito de Violencia Familiar en el Código Penal' tendrá como consecuencia el aumento de hogares destruidos y desintegrados porque se sigue culpando al varón de la violencia en el hogar y no se aborda de manera frontal la violencia de la mujer. Mientras sigamos empeñados en ver un solo lado del problema cualquier alternativa de solución estará condenada al fracaso.
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